Santi y yo decidimos irnos una semana a Costa Rica y la verdad es que ha merecido la pena, pero el tiempo se queda corto para un país con tanto que ver y tanto que disfrutar. Ahí va mi crónica.

Tras unas cuantas horas de vuelo y unas carreras por el aeropuerto de
Houston (
allí siempre tienen problemas) llegamos ya de noche a la capital, San José. Así que
después de acomodarnos en el
Pangea backpackers fuimos a "El pueblo", sitio donde se concentra gran parte de la marcha de esta ciudad (a 1$ la cerveza y 2$ las copas, o 500 colones y 1000 colones respectivamente, como se prefiera).
El caso es que marcha hay, y el hecho de conocer a unos
ticos y
ticas muy majos nos ayudó a poder prolongar nuestra juerga hasta pasado el amanecer...todo un contraste con
DC.

Al día siguiente (24) perdimos el bus a La Fortuna, pero un taxista nos ayudó. Llamó al conductor del bus y consiguió que éste parase en el arcén de una autopista, hasta donde previamente nos había llevado el taxista. Tras subir al bus, comprobamos como no había sitio para sentarse y nos tocó ir de pie, pero tras hora y media ya quedó hueco y nos pudimos sentar. A medida que nos acercábamos a La Fortuna, llovía más, y al bajarnos del bus comprobamos como la niebla cubría el volcán y allí no se veía nada ¿hay de verdad un volcán allí?.
Para colmo en el
hostel que teníamos reservado (
arenal backpackers) nos canceló la reserva por llegar tarde, pero nos ayudó a alojarnos en un hotel contiguo casi al mismo precio, todo un detalle. Así que para celebrar la N
ochebuena Santi y yo nos fuimos a comer un casado (comida típica a base de arroz,
frijoles negros, plátano frito, picadillo de patata y una carne o pescado).

El día de Navidad, intentamos ir a ver la catarata, pero las lluvias habían subido el nivel del río y por seguridad estaba cerrado el acceso, así que vuelta al hostel, que estaba a punto de llegar Alex desde la Ofecomes de Chicago.
Después de ponernos al día, decidimos ir los 3 a las aguas termales de
Baldí. Donde después de estar 5 horas en remojo y tirarnos por unos
toboganes de agua bastante mal diseñados (bueno, bien diseñados para partirse la espalda) decidimos volvernos al
hostel y prepararnos para nuestro viaje a
Monteverde.

El día 26 teníamos contratado un servicio de bus-bote(para atravesar el lago arenal)-bus, pero no contábamos con que hubiese un desprendimiento en un camino, por lo que nos tocó hacer una marcha de un par de kilómetros a pié y esperar a que despejaran el camino manualmente con palas.
Llegamos al
hostel Colibrí y por los pelos conseguimos plaza para el
Selvatura Canopy.
Con tirolinas de 800 metros de largo entre bosques las vistas y la experiencia fue increíble, pero aún quedaba una sorpresa:
Por la noche decidimos ir al bar Amigos. Aquella fue una muy buena idea :)
Para el 27 viajamos a Tamarindo, en la costa del Pacífico y tras un primer baño para quitarnos el mono, nos juntamos con María de la Ofecomes de Santiago de Chile. Más playa y por la noche a disfrutar de una sesión de reggae.



El 28 contratamos una excursión en catamarán, con barra libre de comida y bebida (es decir, piñas coladas y nachos con guacamole), pudimos ver ballenas, hacer snorkeling y disfrutar de las vistas. Por la noche, como de costumbre, a salir de juerga.

La mañana del 29 decidimos alquilar unas tablas y surfear un poco (o al menos intentarlo).
Por la tarde y tras muuuchas negociaciones, conseguimos que un tico nos llevase a San José. Resultó ser el peor conductor de Costa Rica, pero sobrevivimos. Así que había que celebrarlo y como en la capital ya conocíamos los sitios de marcha quedamos allí con los amigos de la primera noche. Nos lo pasamos muy bien, con buena música, así que aprovechamos y nos quedamos de empalmada hasta que nos fuimos al aeropuerto.

El 30 en el aeropuerto todavía llevábamos mucha juerga encima, pero pasamos los controles y a dormir al avión.
En definitiva para mi han sido unas vacaciones geniales, unas fechas en las que apetece estar con la familia, pero ser 25 de diciembre y estar en bañador también merece la pena.
Costa Rica ofrece mucho y en una semana no se puede ver todo, pero siento que he aprovechado el tiempo allí y disfrutado del país. Me llevo muchas cosas y dejo allí otras tantas.